The beauty must be possible

Los ceramistas catalanes Jordi Marcet (1949) y Rosa Vila-Abadal (1950) iniciaron sus estudios de cerámica en la escuela Massana y los estudios de diseño en la escuela Eina. El 1967 trabajaron en el taller de los ceramistas Jordi Aguadé y Jordi Ancil. Posteriormente, fundan diversos talleres conjuntamente con otros ceramistas: Am Terrissaires (1969), donde trabajan la contemporanización de las formas y la técnica de la cerámica popular catalana, y L’au Cal·ligràfica (1973), donde inician el trabajo con el gres y el diseño de piezas de uso cotidiano. A partir del 1977, los dos artistas deciden fundar por separado el taller Quart Creixent, donde continuaran el trabajo con el gres y el diseño de piezas utilitarias. Es a partir del 1989, que Jordi Marcet y Rosa Vila-Abadal emprenden su carrera artística como ceramistas exponiendo sus piezas en galerías y museos de Europa y en países como Brasil y Japón. Los artistas trabajan sus piezas con gres blanco a alta temperatura y con colores de confección propia. Sin abandonar el signo distintivo que caracteriza sus piezas, y que los singulariza como artistas, Jordi Marcet y Rosa Vila-Abadal han iniciado una nueva etapa creativa que da paso a una reflexión contemporánea más abstracta, rozando el límite de lo escultórico, pero manteniéndose siempre en el esmerado trabajo de la forma y el dibujo, y sin alejarse nunca de lo que configura la esencia de su obra y los define como artistas: la cerámica.
Mantengo muy vivo el recuerdo de la primera vez que conocí a Jordi Marcet y Rosa Vila-Abadal, y el de las sensaciones que tuve al contemplar por primera vez su obra. Me los presentaron como “unos artistas que trabajan con la cerámica”. Entonces, en aquella época, yo no sabía nada de la cerámica artística.
Bien, tenía unos conocimientos muy vagos y confusos, únicamente identificaba los ceramistas como una gente que trabajaba con la arcilla, unos artesanos que hacían piezas muy bellas que después uno podía utilizar. Reconocía, intuitivamente, el valor de aquellas piezas moldeadas a mano, cuidadosamente trabajadas con el torno, y nada más. El recuerdo y la sensación de aquel primer encuentro es tan vivo porqué a partir de aquel momento conocí realmente la cerámica, aprendí a entenderla i sobre todo a quererla. Han sido horas, días y años de largas charlas con los artistas, de contemplar el trabajo del día a día, formulando muchas preguntas, recibiendo múltiples respuestas, aprendiendo y redescubriendo las infinitas posibilidades de expresión que se esconden detrás de la cerámica. De la obra de Jordi Marcet y Rosa Vila-Abadal, de entrada a uno le sorprende la fuerza del dibujo y del color de las piezas. Es el primer impacto. No es muy usual encontrar ceramistas que traten tan profusamente la parte pictórica de la cerámica, aunque en Cataluña, la cerámica tradicional ya era muy pintada. Ambos artistas han confesado siempre que visten sus piezas con una segunda piel (un hecho singular en la cerámica, que tiende a ser muy escultórica o matérica) y que lejos de parecer un añadido a la forma, un simple soporte, esta piel forra la pieza para llegar a fundirse con la forma y crear un todo. Esta comunión forma-dibujo ha sido siempre un signo distintivo en su obra. Aunque pasen los años, en contra de cualquier cambio fruto de la evolución como artistas, uno siempre reconocerá la obra de Jordi Marcet y Rosa Vila-Abadal.

La piel envuelve la forma, que también sorprende. Sorprende que a lo largo de los años, y tras la constante evolución como artistas, sus piezas aún mantengan una cierta ambigüedad, desconcertante muchas veces, en lo que se refiere a la forma. Sus piezas trazan
sutilmente una fina e invisible línea divisoria (siempre franqueable) entre la escultura y el sentido útil. Un plato, un cuenco, una botella, una urna… cuando uno contempla cada pieza no puede dejar de cuestionarse en qué parte de la línea se encuentra, y de aquí surge la ambigüedad: a veces querremos recrearnos únicamente en la sencilla contemplación de la cerámica, que la veremos como una escultura, a veces tendremos el deseo impulsivo de tocarla y utilizarla, porqué veremos reflejada en ella la cotidianidad de un bello recipiente. Esta
sensación sólo la puede despertar una de las premisas de los dos artistas: “Una pieza debe ser bella, pero a su vez posible”, y un trabajo exhaustivo y depurado en el diseño de cada pieza, en la cual no hay lugar para la improvisación, cada una está pensada, estudiada y discutida antes de realizarla; el trabajo en equipo, la complicidad y la compenetración artística no da cabida al error ni a la sorpresa.
Y mucho antes que el color y el dibujo existe la forma, y en la forma reside la materia, que es el principio de todas las cosas. Los dos artistas trabajan con gres blanco a alta temperatura y sin torno, realizando las piezas con moldes que les permite más libertad en el diseño y la creación. Aquí yace el hecho que, toda su obra artística desprenda sutileza, elegancia, depuración en las formas y sobriedad en las líneas, alejando cada pieza del tratamiento tosco de la materia para conferirle una “aparente” fragilidad. A la vez, como alquimistas, elaboran sus propios colores de una forma artesanal con pigmentos y minerales naturales. El color es una parte esencial en su obra. Éstos, muchas veces imposibles, difíciles de identificar, siempre revisten la pieza con una iconografía muy particular. Las formas geométricas, los animales, el hombre y un tono narrativo presente en casi todas las piezas, devienen símbolos transformados del mundo interior de
los artistas, símbolos que invitan a la reflexión, a veces a la denuncia, al despertar del sentido crítico, al humor, a la ironía, a la complicidad o a la ternura. A lo largo de su obra el leitmotiv ha sido siempre la modernidad, el siglo que vivimos, el ahora, utilizando siempre un lenguaje contemporáneo, bien sea para reinterpretar otras culturas y otros tiempos, bien sea para mostrarnos las pequeñas cosas de cada día o la incertidumbre del futuro.
Actualmente, y como consecuencia lógica de la evolución personal y artística, Jordi Marcet y Rosa Vila-Abadal, inician una nueva etapa en su obra con piezas mucho más abstractas, de marcada apariencia
escultórica, más complejas conceptualmente, pero sin abandonar los preceptos que marcan su trayectoria como artistas y sin abandonar su pasión: la cerámica.

 

Eva Rodríguez
Keramik Magazine Europa, R 3/2007
Germany